LA DULCE FRONTERA ANTE LA CULTURA
Carlos González


A lo largo de este año, el programa Praxis, ese laboratorio abierto que Artium puso en marcha hace ya unos años para introducir al público en los procesos creativos e implicarlo en los mismos, está proponiendo una reflexión sobre las poéticas en el arte contemporáneo, es decir, aquello que está más allá de lo específico, de lo concreto, de lo inmediato. Desde ayer, es la artista navarra Greta Alfaro quien acepta la invitación para entrar de lleno en la propuesta planteando una idea sencilla en apariencia pero con múltiples lecturas y posibles respuestas: ¿cuál es la relación que tiene cualquier persona hoy con la cultura contemporánea?

La premisa básica parte del hecho de que conceptos como el turismo cultural han llevado en estos momentos a la sociedad a no querer o no poder profundizar, a quedarse en una superficie que, sin embargo, se presenta de manera amable, dulce. El conocimiento está ahí, pero parece existir una frontera que dificulta el acercamiento, una barrera que, eso sí, no es agresiva, con la que es fácil contentarse. Y para ejemplificar esa situación y, a partir de ahí, proponer al público del centro gasteiztarra que actúe como considere oportuno, la creadora navarra, que no es la primera vez que trabaja con elementos gastronómicos, genera en el espacio de Praxis lo que se podría denominar una biblioteca caramelizada.

Hasta el 21 de septiembre, el museo, que también se cuestiona así mismo con esta propuesta en cuanto a la idea todavía generalizada de contenedor de cultura, acoge así Still life with books, “pero no en el sentido de naturaleza muerta como indicaría la traducción literal sino como vida detenida”, describe Alfaro.

De manera previa a la apertura al público del proyecto, tanto la artista como el comisario que este año está desarrollando Praxis, Eduardo García Nieto, han recopilado unos 200 libros que, de una forma u otra, están relacionados con el arte. Entre ayer y hoy, aunque puede que el proceso se alargue algún día más, y a la vista del visitante, la mayor parte de estos ejemplares están siendo bañados en caramelo comestible de un rojo que pretende emular a las típicas manzanas que se venden en las ferias, una labor en la que el buen hacer corresponde a José Suárez Cameno. En poco tiempo, el empalagoso manto se solidifica, quedando la cultura, el entendimiento, la reflexión, la crítica... atrapados, aunque presentando un color intenso e incluso atractivo.

Se genera así “un espacio lúdico pero que al mismo tiempo es incómodo”, según Alfaro, una sala con mesas traídas de una biblioteca real en las que se van a ir depositando esas cárceles de apariencia amable para... “No hay instrucciones”, afirma la artista porque es justo la relación que el público que acuda a Artium tenga con estas golosinas con sorpresa en el interior el verdadero objetivo de esta instalación. De todas formas, no se esconde que el interés pasa por el hecho de que los visitantes miren, toquen, rompan la dulce frontera que les separa de los libros si quieren... y a partir de ahí que lleven a cabo los análisis que consideren adecuados.

Será en septiembre, de todas formas, cuando llegue el momento de saber si la instalación ha respondido a los supuestos previos de una creadora que el 11 de ese mes regresará al museo para tomar parte en una conferencia sobre su proyecto y una trayectoria artística cada vez más valorada y reconocida.